“¿Que le ofrezco canche?”
Ir de compras en un mercado de Guatemala es una de las formas más auténticas de conocer la vida cotidiana en Guatemala. El mercado es un espacio vivo, lleno de colores, aromas, sonidos y encuentros que reflejan la esencia del país.

Desde temprano, los puestos se llenan de frutas, verduras, especias, flores y granos. Los colores se mezclan con el olor de las hierbas, las flores y las tortillas calientes que se preparan al momento. A esto se suman los olores de carne y pescados, parte menos romántica… En general se encuentran en el mercado unos comedores que ofrecen por más o menos Q25 un almuerzo con tortillas y bebida natural. Se puede encontrar una gran variedad de platos: pepián, hilachas, caldos de gallina o de pata de res. Ideal para comer rico y barato.

Comprar en el mercado es también un acto social. Se conversa, se pregunta, se sonríe y se regatea. Uno tiene que tener algunas nociones sobre el valor de los productos para no terminar pagando caro sus compras. Al final se vuelve como un juego para intentar conseguir un buen precio, el cual puede variar mucho dependiendo de la temporada. Así se puede definir un mercado en Guatemala, ¡vivo! con los vendedores anunciando sus productos, la gente regateando. A esto se agregan los sonidos de las monedas y de las bolsas.

Lo que me sorprende es la normalidad con la cual los vendedores halagan a las personas en relación a un aspecto físico, o dando nombres tiernos o cercanos como mamita, amigo, mi reina para ofrecer sus productos… Escuchar “¿qué le ofrezco, canche?” al inicio me sorprendía, pero ahora lo siento normal.
Algunos mercados son un laberinto; los pasillos muy estrechos hacen que uno se pueda perder fácilmente. A veces lo más fácil para salir es ir todo recto hasta encontrar una calle y poder ubicarse de nuevo. Cuando el mercado se instala directamente en las calles, como en Totonicapán, parece que la ciudad completa se transforma en un mercado gigante. Ya no existen los carros y los puestos de ventas se reparten sobre tres filas en la calle. Caminar ahí es un reto y es más difícil para apreciar las artesanías de algunos puestos.

Aparte de alimentos, los mercados ofrecen textiles, artesanías y objetos de uso diario, muchos hechos a mano, testigos de una larga tradición. A veces, encontrar una señora tejiendo en su puesto, enseña a uno el trabajo que se necesita para hacer una pieza de textil…

Los mercados de Guatemala merecerían muchas más líneas para contar cada detalle, pero me quedaré ahí por ahora. No dudes en darme tus recomendaciones de mercados en Guatemala en los comentarios.
*Para escribir este artículo, me basé principalmente en mi experiencia en los mercados de: Antigua Guatemala, Totonicapán y Jocotenango.
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